El coste oculto del tiempo en una mala contratación

Una mala contratación cuesta más que salario e indemnización. Analizamos el tiempo que consume del equipo y el impacto invisible sobre la organización.

En este artículo

Cuando una contratación sale mal, la mayoría de las empresas hace la misma cuenta: sueldo pagado, indemnización si la hay, coste de un nuevo proceso de selección. Tres cifras, todas en euros, todas fáciles de meter en una hoja de Excel. Lo que casi nadie calcula es cuántas horas de otras personas se han consumido corrigiendo, formando y compensando a esa persona mientras estaba dentro de la empresa. Y esa cuenta, la que no se hace, suele ser la más cara de las dos.

El tiempo es la moneda que no controlamos

Hay algo que parece obvio y que casi ninguna empresa gestiona con rigor: el tiempo. Se puede resumir con una idea directa: no importa lo que diga la estrategia, si no hay tiempo asignado a algo, ese algo nunca ocurrirá. El tiempo es la moneda real de la organización, el presupuesto invisible que decide qué vive y qué muere dentro de una empresa.

Y aquí viene el dato que conecta directamente con el coste de una mala contratación: el gasto en salarios es, en la mayoría de las empresas, el primer o segundo gasto operativo. En los sectores de servicios suele ser el primero; en los industriales, puede quedar solo por detrás de materias primas o logística. Eso significa que cada hora de trabajo tiene un coste directo. Cuando alguien dedica su tiempo a corregir el trabajo de un compañero, a explicarle otra vez cómo funciona un proceso o a rehacer una tarea mal entregada, la empresa está gastando ese mismo presupuesto, solo que en un sitio donde nadie lo está contando.

Por qué no vemos ese coste (y por qué sí lo vemos en una consultora)

Hay un ejemplo muy útil para entender por qué esto pasa desapercibido: el sector de la consultoría. Una consultora sabe exactamente cuánto cuesta cada hora según el perfil (junior, senior, socio) y construye el presupuesto de un proyecto sumando horas por coste. Si no sabe cuántas horas necesita, no sabe cuánto cuesta el proyecto. Es un sistema simple y objetivo.

La mayoría de empresas no funcionan así fuera de ese sector. Controlan con precisión la nómina, pero no saben en qué se consume el tiempo que esa nómina paga. Y cuando una contratación no funciona, ese punto ciego se multiplica: el manager que tiene que supervisar más de la cuenta, el compañero que asume tareas que la nueva persona no saca adelante, las horas de formación repetidas porque el aprendizaje no avanza al ritmo esperado. Nada de eso aparece en ningún informe de costes de personal. Pero todo eso son horas, y las horas son dinero distribuido en el tiempo, y conviene no olvidarlo.

La Ley de Parkinson también se aplica a los errores de contratación

Hay otro mecanismo que agrava este coste, y lleva casi ochenta años cumpliéndose: la Ley de Parkinson, formulada por Cyril Northcote Parkinson, según la cual "el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine". Cuando una persona no rinde al nivel esperado, el equipo no suele detectarlo de golpe. Lo que ocurre, poco a poco, es que las tareas que esa persona debería resolver se reparten entre otros, las revisiones se multiplican y aparecen capas de control que antes no existían. El tiempo perdido no se concentra en un solo sitio. Se disuelve en la operación diaria, y por eso resulta tan difícil de ver sin medir.

He visto ejemplos claros de lo que ocurre cuando una organización sí convierte el tiempo en dato: en un equipo comercial, se descubrió que el 48,7% del tiempo se dedicaba a tareas de fidelización que no generaban ventas nuevas; en un área financiera, el 73% del esfuerzo se concentraba en tareas repetitivas de bajo valor, con un coste de varios cientos de miles de euros al año. Son ejemplos distintos al de una mala contratación, pero enseñan lo mismo: en cuanto empiezas a medir el tiempo, aparecen cifras que antes nadie sabía que existían. Una mala contratación no es la excepción a esa regla, es uno de sus casos más caros.

Lo que esto cambia si eres tú quien decide

Si eres CEO o director financiero, esto tiene una implicación directa sobre cómo mides el riesgo de contratar. El coste de una mala contratación no termina cuando la persona sale de la empresa. Empieza mucho antes, en cada hora que un equipo dedica a compensar un desajuste que nadie ha querido reconocer a tiempo, muchas veces porque no había manera de ponerle cifra.

Por eso en The Portal no medimos el riesgo de una contratación solo en términos de nómina. Lo medimos en horas de la organización, porque es ahí donde realmente se nota el impacto de una decisión equivocada. Es también la razón de ser de Riesgo Cero, el modelo que hemos diseñado precisamente para reducir esa incertidumbre antes de que se convierta en coste, comprobando la adecuación real de la persona en el contexto de la organización, en lugar de basarlo todo en una entrevista y una intuición bien vestida.

La pregunta que deberías hacerte no es cuánto cuesta el sueldo de una mala contratación. Es cuántas horas de tu mejor gente estás dispuesto a gastar en corregirla antes de admitir que el problema no era la persona, era la decisión.

← Volver al Blog

¿Necesitas incorporar talento en tu organización?

Cada incorporación es una decisión de futuro. Por eso no buscamos simplemente cubrir una vacante: buscamos que personas y proyectos encuentren el lugar donde pueden crecer juntos.

Iniciar selección de talento